Até sempre, Eva Forest

Em 1974 a editorial Ruedo Ibérico publicava "Operación Ogro", umha novela assinada por Julen Agirre na que se narrava a preparaçom do atentado contra o almirante Carrero Blanco, sucessor de Franco. A novela deu a volta ao mundo em pouco tempo, convertendo-se em êxito de vendas, e foi levada ao cinema em 1979 polo director italiano Gillo Pontecorvo. Detrás do seudónimo "Julen Agirre" estava umha escritora: Eva Forest.
A escritora e editora Eva Forest viveu umha vida marcada de injustiças, torturas e vulneraçons de direitos fundamentais. Nasceu em Barcelona em 1928 no seio dumha família anarquista. O seu pai considerava a escola como umha instituiçom repressiva polo que nom acodiu a ela até anos mais tarde.
Impulsada por umha necessidade vital de viajar e de acordo com a sua nai, marchou a Madrid a estudar medicina. No último curso de carreira, em 1955, conheceu a Alfonso Sastre e casarom em dezembro do mesmo ano.
Desde entom, Eva Forest e Alfonso Sastre completarom umha parelha inseparável.
A parelha viveu momentos duros em quanto à situaçom política do país. Em 1956 Alfonso Sastre foi processado e trasladarom-se a Paris. Em 1970 Eva foi detida pola sua suposta colaboraçom com ETA e permaneceu quase três anos em prissom.
À sua saída do cárcere, continuou recolhendo testemunhos e trabalhando ao redor do estudo "Tortura y democracia". Em 1979 impulsou a criaçom do TAT (Torturaren Aurkako Taldea).
Em 1991 fundou a editorial Hiru.
Eva forest percorreu boa parte de Europa, Iraque, América latina ou Estados Unidos denunciando a tortura, a guerra ou solidarizando-se co(a)s de abaixo. Desde a Praça de maio, em Buenos Aires, até os hospitais de Bagdag. Entre outros, chegou a desenvolver um discurso fascinante de denúncia ao redor da tortura no Estado Espanhol. Foi realmente incómoda para o Poder. Algo que lhe faria, como ao seu companheiro Alfonso Sastre, ser condenada ao mais absoluto dos ostracismos por parte dos meios culturais e intelectuais espanhois.
+info: http://www.sastre-forest.com/

Reproduzimos aqui um dos seus últimos textos:
Sería de reír si no fuera de llorar
Eva Forest
Los iraquíes, que son unos sabios de la resistencia, cuando nos describían el comportamiento y las atrocidades que cometían las fuerzas de ocupación, los inspectores, por ejemplo, abriendo a patadas las puertas de los laboratorios, en busca de sustancias para la elaboración de armas de destrucción masiva, o cuando negaban la compra de lápices para las escuelas porque el grafito podía emplearse como «material de guerra», solían hacer el relato en un tono mezcla de ingenuo asombro que traslucía una fina ironía, para terminar siempre con una frase muy expresiva que tiene su equivalente en castellano: «Sería de reír, si no fuera de llorar». De reír, porque no deja de ser cómico-grotesco que se destruya la polvera de una funcionaria del laboratorio argumentando que «esos polvos rosados podrían ser para la fabricación de explosivos»... Y de llorar porque a continuación el que ha dicho esto puede pegarte un tiro.
Este aspecto entre surrealista, kafkiano, grotesco-esperpéntico de algunas situaciones es muy propio de las democracias formales actuales, en la medida en que hay un abismo entre lo que predican y lo que realmente hacen, abismo que tienen que estar equilibrando continuamente yendo de lo visible que muestran en el escaparate a lo que ocultan en la trastienda y no se debe mostrar. Con lo cual terminan cometiendo errores garrafales, que les muestran al descubierto.
Todo esto viene a cuento del macrojuicio que ahora se está celebrando en Madrid. Un juicio en el que están procesadas en esta primera fase, porque hay otras59 personas que, sin beberlo ni comerlo, se han visto implicadas de la manera más irregular y extraña. Dicen los entendidos que durante la instrucción del sumario se han cometido todo tipo de anomalías jurídicas. Y que siguiendo un cauce normal, no podría con- ducir a ninguna parte. Pero aquí nada es normal, de no ser la anormalidad. Y la experiencia nos dice que lo determinante va a ser la política, y emplear este juicio como mejor convenga en cada momento. Esto tiene también un gran peligro: que todo este teatro conduzca a una aberración final y que la sentencia siente jurisprudencia y que quienes se sientan hoy en el banquillo tengan que cumplir años de cárcel. Cosa muy grave. Un episodio más de los muchos que venimos sufriendo en esta democracia. Un episodio grotesco y trágico a la vez: «Sería de reír si no fuera de llorar».
Pero, insisto, no el único. Para entender un poco lo que ocurre aquí habría que remontarse a los años setenta, cuando muere Franco, hace ahora justamente 30 años, y seguir paso a paso ese proceso que se ha llamado transición y poner los momentos ahí, para desmenuzarlos en una meticulosa disección que nos haría comprender, no sólo la estructura de esta democracia que padecemos, sino la estructura de muchas democracias formales que nada tienen que ver con la nueva sociedad a la que aspiramos algunos.
Pero eso escapa a los límites de un artículo y voy a tratar de resumir.
He dicho en más de una ocasión, y ahora me reafirmo en ello, que Euskal Herria era un gran laboratorio de la democracia europea en donde continuamente se estaban ensayando múltiples, diversos y novísimos métodos de represión, no sólo para destruir el gran movimiento popular del propio país sino para exportarlos a otras latitudes. No en vano los primeros asesores que fueron al Iraq ocupado por os soldados de los EEUU eran expertos guardias civiles forjados en la escuela de Intxaurrondo. Es bien sabido, porque durante décadas lo hemos sufrido en nuestra propia carne, que esta compleja represión que se despliega, en apariencia para perseguir al terrorismo, tiene como objetivo eliminar cualquier atisbo de movimiento social, de carácter popular y progresista que pudiera significar una real alternativa a los planes de doma y sometimiento que el neoliberalismo necesita para conseguir sus objetivos.
Cuando el presidente de los EEUU, después del 11 de setiembre, lanza su gran campaña contra el «terrorismo» y bajo este pretexto se lanza a perseguir a todos los musulmanes sospechosos de serlo, ya aquí, en Euskal Herria, hacía años que bajo el mismo pretexto estábamos sufriendo la persecución continua y sistemática de la izquierda abertzale: ese gran movimiento popular que abrió tantas esperanzas.
Muerto Franco tenía que cambiar el escaparate en concordancia con la transición. Lo que se ve y se muestra en él está puesto allí para la galería, para ser visto. Y realmente es espectacular. Nadie osará decir que no hubo cambios. La estructura es democrática y se ajusta a las exigencias formales y llama la atención la rapidez con la que esa transformación ocurre. Más de un observador foráneo se queda boquiabierto de la «madurez» de esos políticos. Pero dentro, en la trastienda, sin depuración alguna, no sólo siguen los mismos y sus herederos sino que, adaptados a la imagen que conviene, juegan el doble papel de salir al balcón para el paripé de presentarse como «nosotros los demócratas», para luego descender a las mazmorras y aplicar los electrodos en los testículos del detenido al que están interrogando. Este doble juego al que lleva la hipocresía, propio de muchas democracias formales, degrada el ambiente y a quienes conviven o malviven en él. Se degrada el lenguaje, se degrada la moral, se degradan los sentimientos, los pensamientos; la humanidad, en suma. Pero volvamos a Euskal Herria.
El hecho de que a la muerte de Franco un sector importante de la población vasca no hubiera aceptado la reforma y siguiera luchando en pro de una ruptura, necesaria e imprescindible para poder iniciar el deseado proceso democrático, sembró la inquietud en quienes deseaban que la transición fuera un paso dulce y sin problemas. Una inquietud que muy pronto, en la medida en que la izquierda abertzale iba creciendo en número y energías, fue despertando miedos mayores en aquellos que no deseaban y hasta temían que se produjeran cambios realmente profundos y revolucionarios.
La izquierda abertzale empezó a configurarse como un gran peligro para el sistema cuando en 1979 alcanza, por la vía pacífica es importante destacarlo porque en su discurso falseador aparecerá siempre como violenta, un número elevado de parlamentarios y se sitúa como la segunda fuerza del país. Y es a partir de esta gran sorpresa cuando desde los distintos gobiernos empieza la gran represión, en múltiples y diversas formas, científicamente planificada, para destruir al disidente. La tortura es el gran eje de esta represión, unas veces en forma directa en cuartelillos y comisarías durante la detención, otras de una manera más crónica en cárceles especiales que culminan, en 1987, en la política de dispersión.
La tortura es el gran eje de esta represión. Con ella no se trata tanto de indagar como de producir miedo en la población civil: amedrentar, retraer, disuadir... La tortura encaminada a frenar, a paralizar, a destruir cualquier intento de disidencia. La tortura hasta la muerte si la víctima no claudica. Pero no es sólo la tortura. También la manipulación informativa. Se miente descaradamente, se tergiversan los datos, se silencian otros, «los bulos y las mentiras conviene que sean creíbles», dice uno de los apartados del Plan Zen que trajo el PSOE en 1982.
Cuando uno se acerca a observar aspectos concretos de este proceso tan destructivo, descubre la gran inmoralidad desde la que se han llevado a cabo. Contra la izquierda abertzale, una vez criminalizada como violenta y terrorista, se justifica todo: se cierran periódicos, emisoras de radio, tabernas solidarias, centros culturales... Aparece el siniestro GAL, que asesina a 29 militantes. Y un sinfín de agresiones que van desde la vergonzosa ley especial que ilegaliza un partido hasta los desatinos del juez Garzón que, como un poseso, interviene obcecado con el propósito de acabar con ETA a la que imagina artífice de un prodigioso tinglado con múltiples departamentos: el de Finanzas, el de Solidaridad, el de la Lengua..., con múltiples dependencias a su vez que se ramifican por el mundoy que, a juzgar por la numerosa gente que procesa, domina todo el país y tiene conexiones ilimitadas más allá de sus fronteras. Cientos de personas son detenidas por formar parte del «entorno» de ETA. Decenas y decenas de otras por ser el «entorno» del entorno de ETA. Otras muchas por ser el entorno del entorno del entorno. Y así hasta llegar a una viejita que vende miel por las casas y que es sospechosa de contribuir con ello al aumento de caudales del departamento de logística encargado de comprar armas. Se diría que estamos en manos de un paranoico furibundo, formando parte de su delirio sistematizado y que está empeñado en demostrar. Pero no hay que caer en esa tentación. Sería caer en la trampa. No es un loco. Es un juez del sistema, con su personalidad muy adecuada al sistema. Y así hay que verlo.
No es nada fácil contar con detalle lo ocurrido en estos años y tampoco es fácil resumirlo en un artículo. Pero habrá que hacerlo algún día: Escribir la historia de cómo se lleva a cabo la destrucción de un proyecto o de cómo se está intentando, porque la resistencia sigue, y de en qué medida colaboraron todos los políticos a ello y de cómo hasta nosotros mismos estamos implicados por el hecho de consentirlo.
Pero llegados a este punto prefiero pensar en quienes heroicamente se resisten a la doma en medio de esta democracia podrida, en quienes todavía conservan sus ideales, sus sueños, sus ganas de luchar por ellos y no han perdido la sensibilidad, ni la capacidad crítica, ni la fe en que es posible un mundo mejor en este planeta. Pienso, naturalmente, en nuestros presos, y en quienes les apoyan, y me siento fuerte, muy fuerte y muy orgullosa de formar parte de esta izquierda abertzale que contra vientos y mareas camina con la cabeza muy alta mirando al futuro con esperanza. -
Eva Forest.